No confundas paciencia con ingenuidad,
no creas que quien calla no tiene qué decir,
ni que el que perdona no conoce el dolor,
ni que el que sonríe no ha aprendido a sufrir.
Ser bueno no es ser ciego ante el mundo que hiere,
es ver todo, entender todo, y aun así elegir
no devolver el golpe porque se puede más,
es tener la razón y no usarla para herir.
Ser bueno es ser fuerte de una manera extraña,
la que no necesita aplausos ni testigos,
es saber que se puede aplastar y no hacerlo,
es quedarse un momento más, por amor, no por miedo.